“Deben desarrollarse
pautas, en consulta con las organizaciones de personas con discapacidad, para
estimular a los medios de información a ofrecer una imagen comprensiva y
exacta, así como una representación e informes ecuánimes sobre las
discapacidades y los sujetos de las mismas, en la radio, la televisión, el
cine, la fotografía y la palabra impresa. Un elemento fundamental de tales
pautas sería que las personas con discapacidad estuviesen en situación de
presentar sus problemas al público por ellas mismas y sugerir la forma de
resolverlos.”
El propósito de éste post es, por tanto, dar algunas recomendaciones y “reglas de oro” sobre la
forma más idónea para trabajar el tema de la discapacidad desde los medios de
comunicación.
¿Cómo contextuar la información?
Son al menos dos las maneras de ambientar una información
sobre discapacidad. La primera se refiere a demostrar que el problema no
consiste en tener una discapacidad de cualquier tipo, sea leve o severa. El
mayor problema es vivir en una sociedad que levanta barreras sociales, físicas,
comunicacionales y sicológicas ante quienes tienen discapacidad, impidiendo
consciente o inconscientemente que ejerzan sus derechos en igualdad de
condiciones y con equiparación de oportunidades.
La segunda trata de aproximarse al tema, entendiendo que
quien tiene una discapacidad optimiza sus capacidades, habilidades y destrezas.
Estudiar, moverse por la ciudad, obtener un empleo, tener seguridad social, ir
al cine, ir a la iglesia, asistir al culto religioso o ver la televisión, leer
poesía, ir a una tienda y encontrar quien le pueda atender con lenguaje de
señas, leer en sistema Braille o con un lector de pantalla (Programa Jaws),
acceder a todo tipo de información y comunicación; y todas las otras
actividades propias de un ser humano. Dar contexto a la discapacidad es
responder a ¿por qué hasta ahora no pueden ejercer sus derechos?, ¿Por qué no
han aprendido a superar las barreras que se lo impiden?, ¿Por qué no proponen
alternativas de control sobre las responsabilidades que tienen las personas, la
sociedad y los gobiernos en el reto de garantizar sus derechos y oportunidades?
Otra dimensión de contexto propone que el comunicador pueda
centrar la atención también en las potencialidades de la persona con
discapacidad, en lugar de hacerlo sólo en las limitaciones, pues lo que define
a las personas con discapacidad no es su discapacidad, sino el hecho de ser
personas, como ya se ha mencionado. Personas con amores, anhelos, trabajos,
esfuerzos, sueños, alegrías y tristezas que no siempre se relacionan con su
discapacidad. Por eso se propone aceptar y asumir a quienes viven la discapacidad,
como a seres integrales que poseen condiciones suficientes para aportar
inteligencia, creatividad, esfuerzos y organización para la construcción de una
sociedad más justa y solidaria.
Sin embargo, estas inquietudes no caben sólo para quien tiene
una discapacidad. Aplica también para todos los otros sectores socialmente
excluidos, como los afroecuatorianos, los indios, los de menores ingresos, los
campesinos, las mujeres, los de una preferencia sexual diferente, los
desplazados, los refugiados y los VIH positivos, entre otras.
Se requiere de análisis y reflexión.
No se trata solamente de investigar con la intención de
encontrar y divulgar aspectos o situaciones negativas alrededor de la temática
de la discapacidad y sus vivencias. En concreto, la propuesta es que se hagan
análisis y reflexiones objetivas para establecer cómo es que en la vida
cotidiana se excluye a quien vive alguna discapacidad. Para eso es
indispensable, primero, identificar las barreras que impiden la plena
participación de estas personas en la vida social.
Eso implica preguntar, contrastar, construir imágenes
completas y no fraccionadas de los personajes, los escenarios y las situaciones
concretas, hasta obtener la certeza de que se está entregando a la audiencia un
paquete de información que les permita mirar en forma incluyente a quien vive
una discapacidad. Investigar es analizar y reflexionar para darle continuidad
al tema, enlazar hechos, dejar de lado las hipótesis y trabajar sobre la base
de aquello que la curiosidad, las percepciones y las indagaciones permanentes
nos revelan. Así se podrán identificar las barreras que se han levantado y
proceder a eliminarlas.
Esta modalidad de investigación no es usual en la
comunicación. Con frecuencia el comunicador se limita a hacer su buena acción
social del día dando el micrófono a una persona en situación de discrimen por
desplazamiento, o a una víctima de una catástrofe natural, o haciendo una
colecta para apoyar a alguna causa humanitaria relacionada con la discapacidad.
Investigar es ir más allá del hecho, buscar los motivos por los cuales la
exclusión se repite y se mantiene, preguntarse por las maneras en que se pueden
interrumpir esos procesos, modificar los estereotipos y cambiar de paradigmas.
Sin investigación, la información sólo deja constancia de los hechos. El
análisis y la reflexión permiten establecer causas y proponer soluciones de
corto, mediano y largo aliento .
Hay que verificar y constatar.
El que la información provenga de una persona con
discapacidad o de alguna organización que trabaja en causas afines, no basta
para comprobar su plena veracidad. También se requiere el punto de vista de las
familias, la comunidad, las ONG involucradas en la materia, las entidades
públicas competentes, los gobiernos autónomos descentralizados, el criterio de
personas especializadas en el tema y las percepciones de las no especializadas.
Se trata de sumar puntos de vista para tener imágenes diversas sobre una misma
realidad. La verdad sobre la discapacidad se construye con múltiples versiones.
Es necesario visibilizar y demostrar.
Visibilizar es mostrar una realidad, o un grupo de personas,
o una situación determinada.
Una forma peyorativa que se ha considerado factible, para visibilizar a las personas con discapacidad, es victimizarlas, es decir, nombrarlas sólo como objetos de dolor, daño o sacrificio, lo que va en detrimento de su dignidad inherente y lesiona la autoestima individual y colectiva.
Una forma peyorativa que se ha considerado factible, para visibilizar a las personas con discapacidad, es victimizarlas, es decir, nombrarlas sólo como objetos de dolor, daño o sacrificio, lo que va en detrimento de su dignidad inherente y lesiona la autoestima individual y colectiva.
Puesto que una comunicación de calidad defiende la dignidad
de las personas, la siguiente propuesta promueve visibilizar, sin victimizar, a
quienes viven una discapacidad.
No sustantivar lo adjetivo, o no volver esencial lo
secundario. Suena complicado, aunque no lo es tanto. Hay que recordar que lo
sustantivo es lo esencial y lo adjetivo es lo complementario. En el campo de
los derechos humanos lo esencial es que todos somos personas, aunque diversas y
lo adjetivo es que algunas tienen diversidad de etnia, de sexo, de color de
piel o de lugar de nacimiento, por ejemplo. Cuando nos referimos a quien tiene
una discapacidad, lo sustantivo es que se trata de una persona con deberes y derechos
y lo adjetivo es que tiene una discapacidad.
Esto no niega la importancia de la diferencia, sólo se trata de destacar la condición de ser-humano, la cual está por encima de ser alto, bajo, del norte o el sur, con discapacidad o sin ella.
Esto no niega la importancia de la diferencia, sólo se trata de destacar la condición de ser-humano, la cual está por encima de ser alto, bajo, del norte o el sur, con discapacidad o sin ella.
Ejemplos
El niño discapacitado se cayó a una alcantarilla. (INCORRECTO)
Pedro, un niño con discapacidad física cayó en una alcantarilla. (CORRECTO)
Pedro, un niño con discapacidad física cayó en una alcantarilla. (CORRECTO)
Sin embargo, en el trabajo periodístico a veces convertimos
lo secundario en esencial; por eso con frecuencia decimos la sorda, el cojo o
la ciega, como si esos rasgos fueran los esenciales. La propuesta es hablar
primero de personas y luego nombrar su discapacidad: personas en sillas de
ruedas, personas con síndrome de Down, personas de baja visión, etc.
La cieguita no podía subir al bus. (INCORRECTO)
María, una persona con discapacidad visual, no podía subir
al bus; o en su lugar: María, una persona ciega, no pudo subir al bus. (COORECTO)
No usar expresiones que hablen de la discapacidad como desgracia.
Son aquellas que producen lástima, desprecio, fastidio, impresión, sorpresa,
rechazo o cualquier otro tipo de mirada “dolorosa” de la discapacidad. Algunas
de esas expresiones son: a pesar de su parálisis…, desde que quedó ciego perdió
sus ilusiones…, su vida como anormal…, cuando adquirió su enfermedad…, a partir
del momento en que quedó disminuido…, cada mañana padece…, durante las noches
se siente afligido…, fue víctima…, le llegó como una maldición divina…, desde entonces
carga con una pesada cruz…, se encuentra postrado en una cama…, etc.
Se terminaron los sueños desde el momento que sufrió su accidente. (INCORRECTO)
Su vida cambió después del accidente, pero los sueños continúan. (CORRECTO)
En algunas de estas expresiones es necesario hilar un poco más delgado. Por ejemplo, cuando alguien adquiere una discapacidad es posible que pierda sus ilusiones y que se sienta afligido. Si ese es el caso de un entrevistado, lo deseable es que lo diga él mismo y que se eviten interpretaciones o juicios de valor. Lo que si le compete al comunicador es hacer notar que la aflicción o pérdida de las ilusiones es un estado temporal y necesario en la etapa del duelo, pero no es una condición característica de la discapacidad. Con el tiempo, la persona encontrará la manera de reanudar su proyecto de vida, recuperar su autoestima y cristalizar nuevas metas, una vez que sea aceptada y asumida su nueva condición.
Sergio, durante la entrevista, dijo que sentía que su mundo terminaba, que no podía soportar la pérdida de uno de sus brazos.
Durante la entrevista Sergio dijo: “Sentí que mi mundo terminaba, que no podía soportar la pérdida de uno de mis brazos”.
Evitar el uso de epítetos que caracterizan a las personas por su discapacidad. Esos epítetos discriminan y maltratan a quien tiene una discapacidad, por ejemplo, cuatro ojos, pata’e cumbia, rengo, patapata, bobo, lento, tullido, mudo, etc.
La niña quien es bobita fue castigada por su madre.La niña con discapacidad fue castigada por su madre.
Evitar el uso de diminutivos que “disminuyan” la dignidad de
personas, por ejemplo: el cieguito, las pobrecitas, los sorditos, los niñitos
especiales, etc. Se puede hacer referencia sin necesidad de usar diminutivos
que suenen a disminución de su dignidad como persona.
El pobre cieguito no consiguió cupo en el colegio.
El joven con discapacidad visual, no consiguió un cupo en el
colegio.
Garantizar que el derecho a la comunicación siempre será
respetado y protegido. Las personas con discapacidad tienen derecho a expresar,
sin intermediario, sus pensamientos y sentimientos en forma libre y directa, a
través de los medios de comunicación. Su presencia en ellos no debe responder a
un favor que el periodista hace; debe responder al ejercicio de una
comunicación de doble vía, como lo mandan los preceptos del desarrollo
inclusivo.
Algunas maneras de hacerlo pueden ser:
- Incorporando a quien vive una discapacidad como fuente de temas diversos, no sólo para hablar de la discapacidad.
- Recurriendo directamente a la persona con discapacidad, sin intermediarios que hablen por ellas o en nombre de ellas.
- Permitir que las personas con discapacidad se expresen a través de diferentes programas.
- Promover programas específicos sobre el tema con presencia de personas con y sin discapacidad.
- Posibilitar que las mismas personas con discapacidad propongan los contenidos.
- Promover la participación de personas con discapacidad en los consejos de redacción y juntas de programación de los medios.
Las reglas de oro para la construcción de mensajes.
Según Giovanna Tipán Barrera (2004 – 2005), el lenguaje
periodístico es funcional, pretende ante todo informar. Debe ser claro,
conciso, preciso, fluido, sencillo, ágil y fácilmente comprensible para el
receptor.
| - Se debe escribir con frases y párrafos cortos, evitando demasiadas oraciones subordinadas. Una buena medida es que las frases no sobrepasen las 20 palabras. |
| - Eliminar todas las palabras que no sean imprescindibles. |
| - Evitar muletillas, expresiones hechas como: conviene recordar, es obvio, entonces, etc. |
| - Evitar toda expresión imprecisa. Sustituirla por datos concretos. No sirve: unas cuantas personas con discapacidad aplaudían al orador; es mucho mejor decir: cerca de 50 personas con discapacidad aplaudían al orador. |
| - Es preferible utilizar los verbos en tiempo presente. - Cuidar las concordancias de género y número entre el sujeto y el verbo. |
| - Siempre que se cite una declaración de forma textual ésta debe ir entre comillas: Oscar, una persona con discapacidad visual dijo "No tenemos un medio de transporte seguro…” |
| - Evitar toda ambigüedad que pueda provocar distintas interpretaciones en los receptores. |
| - Evitar los adjetivos calificativos: cruel, desalmado, patético. Cuando se utilicen adjetivos estos serán siempre descriptivos. También hay que tener especial cuidado con el uso de los superlativos, por ejemplo grandísimo. |
| - Evitar los signos de exclamación, negrilla, mayúsculas, cursiva porque son entendidos como comentarios. |
| - No es recomendable usar palabras técnicas que dificultan siempre la comprensión de la noticia. Tampoco utilizar palabras en otros idiomas, salvo que sea absolutamente necesario por no existir una con idéntico significado en nuestro idioma y es mejor que vaya en cursiva. |
| - Evitar repeticiones de contenido, así como expresiones redundantes. Por ejemplo: salir afuera, entrar adentro. |
| - Evitar palabras incorrectas, a pesar de que estén de moda. Por ejemplo: aperturar, reracionamiento. |
| - En caso de que se usen siglas en el texto, primero identificar el nombre completo de la entidad. Por ejemplo: Organización Mundial de la Salud, OMS. |
| - Usar un lenguaje incluyente. No sexista. |
Fuente: Guía de Lenguaje Positivo y Comunicación Incluyente


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