Nací hace 24 años sin deficiencias físicas que provoquen una discapacidad.
A los 19 en un intento de robo a pocas cuadras del emprendimiento de mis padres fui impactado por una bala perdida que se instaló en el canal medular de la columna, dañando previamente un riñón y el bazo, órganos que perdí.
Desde entonces se me diagnosticó paraplejia y vivo con la bala en mi columna.
Siempre me preguntan cosas como "¿Qué tan fuerte fue para ti saber que ya no podrías caminar?" o "¿Cuánto te duró y qué tan grande fue la depresión que tuviste"? Y sí, efectivamente me deprimí porque es algo inevitable, sin embargo con ayuda de mi familia (mamá, papá y hermana), no todo fue tan malo porque tuve el apoyo incondicional de ellos. Que qué tan duro fue saber que ya no podría caminar? Eso fue secundario porque cuando tienes una familia que amas y que te aman, eso pasa a segundo plano, lo más importante para mí era estar vivo para ellos, para seguir juntos los cuatro, porque cada uno de nosotros somos una pieza fundamental dentro de nuestro núcleo familiar; pero aquí viene una observación de la que me di cuenta y la que me motivó a ayudar a los demás y esta observación se basa en que no todos tenemos una familia incondicional, no todos tenemos una mamá, un papá o una hermana paciente que nos entienda; no a todos se nos presenta la discapacidad cuando somos jóvenes. Hay personas que son olvidados por su esposa, hijos, familiares, amigos e incluso padres; las dificultades económicas y psicológicas que se pueden presentar son motivos que definitivamente no ayudan en la recuperación de quienes adquieren discapacidad y es justamente por estos antecedentes que día a día trato de que la discapacidad no sea un obstáculo, porque en pleno siglo XXI en el que vivimos, no debería serlo.
Hay dos frases que siempre digo y que me gustaría compartir con ustedes:
1. "El problema no es la discapacidad, sino las barreras arquitectónicas que causan una situación discapacitante"
2. "Si eres bueno en algo, con ese talento se puede aportar en la sociedad; a la hora de ayudar el dinero es importante pero la actitud, aptitud, ganas y convicción que se tienen para querer ayudar son esenciales".
Hay personas que al conocer un poco sobre mi historia dicen que soy un 'Guerrero', pero detrás mío existen muchas personas que luchan día a día contra la discriminación, la pobreza, contra una sociedad que no respeta un rampa y obstruye su paso, contra una sociedad que piensa que no son capaces de realizar ciertas actividades; y son estas personas a quienes yo considero que sí deberíamos llamarlos Guerreros, porque pese a que no tienen voz dentro de la sociedad, siguen viviendo y luchando para salir adelante, dando ejemplo a personas que tienen todas sus facultades desarrolladas y sin embargo muchas veces se frustran por pequeños problemas.
Todo lo que he redactado es un poco de lo soy y lo que pienso, espero que a través de lo que han leído hayan despejado ciertas dudas y si te gusta mi iniciativa, te puedes sumar informandote y compartiendo con tus conocidos los contenidos que se estarán colgando dentro de este blog, para así socializar y poder entender un poco más la discapacidad.
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